Estrategia: Las Pymes y sus managers

Antonio Alemán

Las Pymes constituyen la base del tejido industrial de nuestro país, concitan el interés de las instituciones- porque al ser medianas y estar atomizadas cualquier plan cuajaría con mayor rapidez-; y concitan también el interés de las empresas industriales y de servicios- que los ven como un segmento atractivo-.

Sin embargo, a la hora de la verdad, ese interés queda en agua de borrajas porque los programas institucionales de ayuda son ineficaces y solo buscan tranquilizar la conciencia de los políticos y finalmente la Pyme es un segmento cuya atomización hace muy difícil su gestión y los proveedores se centran en las grandes compañías.

Hablar de Pymes es meter en el mismo saco un conjunto de jugadores completamente diferentes entre ellos y que me atrevería a agrupar en:

  • Auto empleados que por vocación o fuerza mayor abren una actividad bajo la fórmula de autónomo, y que en muchas ocasiones funciona cuando el autónomo es animoso, tiene un oficio que desarrolla profesionalmente y es capaz de lidiar con su entorno: proveedores que serán más grandes y los tratarán malamente, la administración que se aprovechará de su control sobre ellos y clientes que en muchos casos incumplirán sus plazos de pago; y los tres juntos se lo ponen francamente difícil al autónomo.
  • Pequeñas empresas surgidas de la iniciativa de un emprendedor dinámico, con muchas ganas, con dotes comerciales y para las relaciones, y excelente olfato. Les cuesta poco iniciar una actividad a la que se incorporan como uno más y sin ningún elemento claramente diferencial.
    Así las cosas, pueden llegar a conseguir un volumen de negocio que requiere los elementos básicos de una empresa: plan de negocios, estrategia, equipo de managers y organización. Este es el momento dulce del empresario pero sin embargo, es el punto donde muchos proyectos caen, porque el emprendedor animoso no ha sido capaz de convertirse en un gerente profesional.
  • Pequeñas empresas surgidas sobre una idea o producto diferencial fruto del espíritu innovador del emprendedor. Requieren financiación para desarrollar sus proyectos de innovación y tardarán en conseguir su punto de equilibrio, por lo que aumentarán esas necesidades, complicando su fase inicial que muchos no superarán mientras que los que si lo hacen estarán muy bien preparados para acometer su futuro.
    Suelen moverse en entornos relacionados con la tecnología y son capaces de llegar a conseguir reconocimiento tecnológico mundialmente. Sin embargo suelen adolecer de managers experimentados que conviertan su tecnología en una fuente de ingresos recurrentes. Les cuesta trabajo desarrollar planes de negocio y estrategias y se sienten incómodos con los vendedores, demasiado fenicios e incompatibles con la tecnología y los tecnólogos, pero tan necesarios para la buena marcha del negocio.

Por tanto, cualquier pyme independientemente de su génesis y sus posibilidades básicas para hacerse sostenible, requiere de un gerente y un equipo de managers que sean profesionales y conscientes de que ellos son los responsables de la longevidad de la compañía, y que para eso tienen que actuar como auténticos managers de negocio- un modelo, una estrategia y una organización eficiente-, además de ser eficaces gestores en el día a día.

Mi recomendación a los managers de las Pymes para que se formen y mi sugerencia para los que queremos ayudar en esa formación para que preparemos cursos que les sean útiles de verdad en su problemática diaria- que, por ejemplo, poco tiene que ver con los mensajes de Jack Welch-.

Las instituciones se deben olvidar de programas globales de emprendimiento que germinarían en Silicon Valley pero que en una sociedad como la nuestra no tienen cabida. Hay que identificar empresas y proyectos excelentes basados en la innovación y con relevancia internacional y a esos proyectos hay que dotarles con la financiación y estructura económica adecuada. Los inversores tienen que acercarse a esos proyectos asumiendo el riesgo inherente y los gerentes de esas empresas deben prepararse para poder acceder a fondos europeos, disponibles en grandes cantidades, pero solo para empresas innovadoras, con buen equipo de dirección y visibles en Bruselas.

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