Yo, lo doy todo!

Matías de la Puerta

Tú lo das todo pero no te “luce el pelo”. Hay muchas personas que afirman darlo todo laboralmente hablando, suelen ser unos incomprendidos porque trabajan día y noche, se esfuerzan como nadie y tú, querido jefe, no les agradeces lo que hacen por la empresa. Evidentemente nace un conflicto y suele ser la suma de dos personalidades, una la del jefe que no supo dejarle claro que necesita realmente de él (el incomprendido), e indudablemente la del incomprendido que no se ha dignado a preguntar que necesitan de él.

Querido Incomprendido, no quiero dejar pasar esta oportunidad para decirte que trabajas demasiado y tu jefe no te respeta, es más, creo que hay un complot para no dejarte desempeñar tu trabajo. Saben que como tú haces las cosas no las hace nadie y temen que te conviertas en alguien importante en la compañía, pero no se conforman con esto, sino que siguen pagando un sueldo para tener a alguien a quien culpar de sus fracasos. Sé perfectamente lo que estás pensando, me hago cargo de que trabajas como nadie, te quedas el último en la oficina y todos tus trabajos son cuestionados: que si no es lo que te pedimos, que ahora no es prioritario hacer esto, que tenías que haber terminado antes lo otro. En fin, que tus jefes no se enteran.

Querido Jefe, no quiero dejar pasar esta oportunidad para decirte que trabajas demasiado y es por eso por lo que tu equipo no te respeta, es más, creo que hay un complot para no dejarte desempeñar tu estrategia. Saben que como tú haces las cosas no las hace nadie y temen que te conviertas en alguien importante en la compañía, pero no se conforman con esto, sino que siguen cobrando un sueldo sin asumir responsabilidades y esperando que fracases. Se perfectamente lo que estás pensando, me hago cargo de que trabajas como nadie, te quedas el último en la oficina y todas tus correcciones son cuestionadas: que si no es lo que me pediste, que ahora que te entrego esto no es prioritario, que tenías que haberlo dicho antes. En fin, que tu equipo no se entera.

El tupido velo del “Yo”. Eso es lo que suele ocurrir en estas circunstancias. Estamos tan ocupados preocupándonos de nosotros mismos que hasta nuestro subconsciente nos escribe cartas anónimas dándonos la razón y apiadándose de nosotros. No será que el simple objetivo de mantener vuestro puesto o de crecer en la compañía, os impide trabajar en común para el verdadero objetivo de ésta.

La verdadera clave está en la comunicación, y que ésta se centre en soluciones para alcanzar objetivos comunes. Pero no es nada fácil, porque estamos inconscientemente entrenados para defender nuestras posiciones. Los prejuicios, los estados de ánimos, el poder de la razón, nuestro ego y otros ingredientes, que traemos de fábrica, hacen que seleccionemos sólo la parte que nos interesa de cada comunicación con el único fin de argumentar nuestra posición al respecto, que sin duda alguna la teníamos predefinida.

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