Habilidades invisibles

Marta Prieto

A la era que nos ha tocado vivir se la bautizado con diversos nombres (todos interesantes): era del conocimiento, era de la información… Creo que también la podríamos llamarla “era de la cualificación… técnica”. Nunca antes los profesionales que desempeñan su tarea en el mercado de trabajo habían estado tan formados como ahora. No es casualidad sino fruto de una esmeradísima educación en centros escolares con sofisticados modelos de enseñanza, de la excelencia de las universidades a las que acudieron, de la calidad de los programas de posgrado en los que obtuvieron sus títulos de máster y de la inversión de sus empresas en excelentes y carísimos programas de formación. Un esfuerzo de años que arroja unos resultados tangibles: profesionales excelentemente cualificados. Pero, ¿falta algo?

Si observamos con un poco más de detenimiento, tras la súper competencia técnica se esconden innumerables deficiencias de índole personal. Y también profesional. La mayoría de los profesionales actuales saben hacer perfectamente su “trabajo”, (definido éste como una serie de tareas, un conocimiento o incluso una experiencia suficiente para asegurar una aplicación correcta de lo aprendido). ¿De qué carecen entonces? Sorprendentemente, en el ámbito directivo, a personas con mucha responsabilidad sobre su negocio y sobre la gestión de personas, les falta el más mínimo bagaje competencial en lo que los departamentos de recursos humanos denominan “habilidades blandas” (título suficientemente disuasorio para alejar de ellas a cualquier profesional con un mínimo de ego).

Estas capacidades son, entre otras, la habilidad de sociabilizar, de relacionarse con otros, de empatizar, de adaptarse y otras tantas esenciales para el correcto funcionamiento de organizaciones vivas en las que las personas conviven, se interrelacionan y actúan.  ¿Importante?  Para algunos tal vez no lo sea pues muchos prosperan en sus carreras a pesar de carecer de la mínima cualificación en estas “habilidades invisibles”. Sin embargo, este déficit no tiene un impacto neutro ni en la organización ni en las personas.

“Lo esencial es invisible a los ojos”. Saint Exupéry. El Principito.

La gente de Harvard lo tiene muy estudiado. El artículo de la prestigiosa universidad titulado Siete transformaciones  para el liderazgo [1], explica cómo un profesional empieza su carrera siendo un “oportunista,” es decir alguien que, tras obtener una cierta cualificación académica,  se encuentra en el sitio adecuado en el momento oportuno. A partir de ahí su evolución profesional dependerá en buena medida de su capacidad para atesorar experiencia y conocimiento fundamentalmente técnico lo cual le convertirá con el tiempo en un “experto” en su área de especialización. Pero sólo aquellos individuos que además desarrollen habilidades sociales suficientes (que el artículo denomina los “diplomáticos”) serán capaces de seguir ascendiendo en la jerarquía profesional. Los buenos técnicos serán siempre, no nos engañemos, valiosos segundones. En una etapa posterior, para aspirar a un puesto de mayor responsabilidad (lo que nuestro artículo llama el “individualista”), es decir, a un puesto directivo, habrá que demostrar otras competencias como la capacidad para adaptarse a distintas circunstancias y para conseguir resultados, cualidad propia de los denominados “conseguidores”. Y en un escalón superior, camino de la alta dirección, los candidatos tendrán que demostrar recursos para entender las situaciones desde una perspectiva amplia, es decir capacidad estratégica (por eso los de Harvard les llaman “estrategas”). Si además de todo lo expuesto tienen carisma, son capaces de contagiar a otros con su entusiasmo,y poseen visión y capacidad para promover cambios de futuro,  serán “alquimistas”,  los auténticos líderes de las organizaciones.

Como se puede observar, el salto cualitativo hacia un desarrollo profesional pleno se produce fundamentalmente cuando el individuo demuestra talento y capacidad en aquello que en este artículo hemos denominado “habilidades invisibles”: liderazgo, capacidad de contagiar entusiasmo, capacidad de trabajar en equipo, empatía, comunicación, escucha activa, capacidad de anticiparse, creatividad, visión… Desafortunadamente, en nuestro contexto habitual estas capacidades no se estimulan ni se enseñan, a pesar de toda la literatura que de las mismas existe. Normalmente se dejan al arbitrio de la capacidad espontánea y del talento natural de algunos individuos que son intuitivamente capaces de impregnarse de ellas, todo lo cual, sin embargo, podría ser claramente mejorado si se trabajara con una buena hoja de ruta.

Pero por encima de todo esto, lo más importante es que desarrollar este bagaje invisible tiene una importancia fundamental para que el individuo se desarrolle en plenitud, para que se conozca así mismo y pueda relacionarse y comprender a otros, para que haga del entorno que habita un mundo mejor. Me gustaría repasar aquí algunas de las habilidades invisibles que considero imprescindibles.

La primera es la inteligencia intra-personal,  el conocimiento y el dominio de uno mismo dirigido a trabajar de forma constante en la mejora de nuestro “yo”, el reconocimiento de nuestras necesidades, el control de nuestros miedos y la refinación de nuestras metas personales. Pocas personas realizan este trabajo correctamente.  Y, sin embargo, hacerlo es la única manera de poder liderar y tomar responsabilidad sobre otros con garantía de éxito.

La segunda habilidad sería la creatividad. En tiempos cambiantes como los que vivimos, el individuo que no es creativo se bloquea frente al cambio y no es capaz de generar alternativas mejores a las conocidas. Se frustra y, en definitiva, sufre. Y no sólo por eso la creatividad es una habilidad fundamental: sin creatividad e innovación la vida sería rutinaria, ordinaria, mediocre. La creatividad es la habilidad que nos permite desarrollar al máximo nuestro talento, brillar y arrojar luz sobre otros para mejorar el mundo.

La tercera habilidad invisible, a mi modo de ver, es la capacidad de recuperación del individuo. Un aspecto fundamental del éxito y la felicidad es ser capaces de manejar nuestro nivel de energía. El entusiasmo como expresión energética no es inagotable, ni siquiera para las personas más motivadas. Muchos otros no llegan a expresar jamás niveles de energía altos pues viven en un estado de apatía permanente y en mínimos de desarrollo y expresividad. La energía y el entusiasmo hay que avivarlos y saber reconocer cuándo decaen para incorporar mecanismos personales de recuperación y descanso. Establecer en nuestra ajetreada agenda, actividades que nos relajen,oxigenen,diviertan y estimulen, constituye para mí la base de la fuente de la creatividad y la vitalidad.

El cuarto grupo de habilidades invisibles esenciales para el profesional y para la persona del siglo XXI serían las habilidades de inteligencia interpersonal que incluirían la capacidad de comprender a otros y,a partir de ahí, de gestionar sus emociones y desarrollar formas de comunicación poderosas que nos permitan expresar en todo momento cómo nos sentimos a la vez que conseguimos entender cómo están los demás para generar en nuestro entorno emociones positivas. El concepto de inteligencia emocional está de moda, pero incorporarlo de forma sistemática en nuestro comportamiento y conversaciones diarias con personas de toda índole es otro cantar. Habitualmente se impone la ausencia total de información, preparación y consideración acerca de la importancia que tiene nuestra forma de relacionarnos y comunicar.

La quinta y última habilidad invisible fundamental para mí sería la intuición: ser capaces de detener al menos por un momento nuestra bulliciosa y ruidosa mente racional y lógica para dejarnos llevar por lo que sentimos y así poder activar nuestros sistemas naturales de alarma y comprender mejor nuestro entorno para proyectarlo hacia el futuro, imaginar posibilidades, dejarnos llevar, fluir,  relajarnos,  disfrutar de la vida, tomar decisiones más inteligentes sin fundamento aparentemente lógico. Veo muy pocas personas a mi alrededor con este tipo de inteligencia, con suficiente sensibilidad para tener una mirada profunda de la realidad 360°. Más bien observo a mi alrededor gente con orejeras en trayectorias personales lineales que apabulla y pisotea a los que tienen alrededor sin tener en cuenta que todos estamos interconectados y que lo que hacemos tiene repercusiones inmediatas en los que nos rodean y en nosotros mismos. Y que todo lo que hacemos o dejamos de hacer, tarde o temprano, se vuelve contra nosotros.

Desde mi actividad profesional llevo años reflexionando sobre el sutil y subterráneo mundo de las competencias. Puedo percibir el sufrimiento que produce en el mundo carecer de formación en estas “habilidades invisibles”. Trato de hacer tomar conciencia a otros de la importancia que este paquete de habilidades tiene en su vida y de ayudarles a desarrollarlas desde mi editorial (www.editorialkolima.com) y en mis programas de desarrollo personal y de horsecoaching. Pero no hace falta tener caballos para darse cuenta de que vivimos en un mundo maravilloso, rodeados de personas extraordinarias que tienen en sí mismas todo el potencial para ser increíbles, únicas e irrepetibles. Tenemos la responsabilidad de maximizar nuestro talento individual y de servir a otros para ayudarles a que ellos hagan lo mismo con el suyo. Y lo haremos mejor si cuidamos y trabajamos nuestras habilidades invisibles, las que de verdad mueven el mundo.

[1] Seven Transformations of Leadership, by David Rooke and William R. Torbert. Harvad Business Review, 2005.

 

Marta Prieto

Marta Prieto

ACTIVIDAD ACADÉMICA Licenciada en Derecho y Licenciada en Empresa MBA Diploma en Educación y TEcnología ACTIVIDAD PROFESIONAL Consultora Formadora Liderazgo Conferenciante Management PUBLICACIONES Simple-mente un caballo

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