Discrepar no es un conflicto.

Juanma Romero

Está claro que si tenemos la convicción de que estamos en lo cierto debemos defender nuestra idea a toda costa, pero eso no significa que tengamos que faltar al respeto al otro o ningunearle. Ni pelearnos, verbalmente o a puñetazos. No es necesario el conflicto.

Se supone que somos personas educadas e intelectualmente preparadas para enfrentarnos a ideas distintas a las nuestras. Es cierto que unas  veces ganaremos y otras no, pero así es la vida. Igual que no se puede gustar a todo el mundo durante todo el tiempo, tampoco se puede ganar siempre y dejar nuestro pensamiento por encima del de los otros. Eso solo pasa en las dictaduras.

Si no tenemos la humildad de reconocer que no siempre vamos a ganar, cada vez que no ganemos vamos a sufrir un tremendo disgusto.

Por eso, tenemos que intentar defender nuestro punto de vista pero con respeto hacia el otro, dejando claro que aceptamos opiniones diferentes. Para discrepar de otra persona podríamos utilizar expresiones como “Me parece…“; “Otro punto de vista podría ser…“; “El modo en que veo las cosas…“; “Me gustaría puntualizar que…“; “Con tu permiso yo añadiría…“, etc.

Piensa que hay muchas causas por las que puedes discrepar: diferencias en la percepción de la realidad, estado de ánimo, puntos de vista limitados, experiencia o formación diversas, escala de valores distinta, falta de predisposición a la escucha… No percibas estas causas como algo personal ni mucho menos tomes una crítica como una afrenta a tu propia persona. Si partimos de la base de que no podemos gustar a todo el mundo, asumiremos cualquier crítica con total naturalidad y tranquilidad, y hasta con buen humor.

Y para ganar hay que aprender a usar bien el lenguaje, algo bastante difícil. Hay una regla de oro: nunca hables como los políticos o los periodistas, por mucho que te impresionen sus jergas. No impostes la voz ni imites el tono de los pedantes. Y no olvides que siempre es mejor permanecer en silencio que meter la pata.

Se cuidadoso al discrepar o criticar. Las emociones que provocan las críticas son inmediatas. Cuenta Olivia Fox Cabane que James McGaugh, fundador y director del Centro de Neurobiología del Aprendizaje y la memoria de la Universidad de California, en Irvine, hizo un curioso experimento: Se volvió hacia una persona que había ido para entrevistarle para un libro y le preguntó: “¿Eres escritor?” Tras comprobar que el sujeto estaba emocionalmente comprometido con su actividad, McGaugh le miró a los ojos y le dijo “¿De verdad? He leído algunas de tus cosas. La verdad es que no son muy buenas. ¡De hecho, son un asco!” Esperó un momento y luego continuó medio riendo: “Ahora mismo tu corazón está desbocado, tu cara se está sonrojando y sientes calor a medida que tus capilares se expanden y te preparas para huir o luchar. Eso es por la adrenalina que entra en tu corriente sanguínea. Y sea lo que sea lo demás, lo que más vas a recordar de nuestra conversación de hoy es el insulto”.

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