La consistencia y la compostura en el management

Antonio Alemán

He leído un párrafo en un libro que con mejor prosa cuenta el experimento de la rana que se achicharra con el aumento gradual de la temperatura, pero que sin embargo salta cuando se la tira al agua hirviendo, el libro es El bolígrafo de gel verde, el autor Eloy Moreno, y el párrafo: “Pero llegó un momento, indistinguible en el tiempo, en el que todo eso se acabó. No se truncó de repente, no existió un instante que, como la muerte, separa todo lo anterior; fue simplemente un descuido paulatino”.

Me ha gustado el concepto de descuido paulatino que creo que expresa muy bien la actitud de un manager que, por carecer de consistencia, vive en un continuo estado de indeterminación que le va conduciendo hacia el fracaso.

Las catástrofes se gestan a fuego lento, no hay un día que se pasa del blanco al negro o que lo bueno se vuelva malo; simplemente hay un día en que lo que vemos o lo que alguien nos ayuda a ver se ha materializado en algo que nos sorprende.

La falta de consistencia hace que se obvien la estrategia vigente y la dinámica de funcionamiento del equipo. Cuando no tenemos -u olvidamos- unas directrices claras desde las que actuar y cuando no tenemos -u olvidamos- un marco claro dentro del que se puedan juzgar las situaciones y tomar las decisiones, es fácil caer en la indeterminación, actuar reactivamente y perder el control del proyecto.

Cuando la consistencia se complementa con una buena ejecución y con un estilo de management que no solo deje espacio para que el equipo pueda actuar, sino que además incluye el compromiso con el desarrollo de los colaboradores, ese manager, está poniendo las bases para conseguir sus objetivos de una forma sostenida.

La consistencia tiene mucho que ver con la autoconfianza, porque ésta dará al manager la seguridad en sí mismo que va a requerir para afrontar los vaivenes que la actividad diaria le va a deparar, evitando caer en la toma de decisiones populistas y fáciles y posibilitando una actuación coherente y acorde con las expectativas que sus planes hayan creado.

La consistencia, concepto profundo desde mi punto de vista, tiene una compañera de viaje- gregaria y menos profunda – que es la compostura. Cuando se practica no añade lustre al comportamiento del manager y pasa bastante desapercibida; pero cuando se desatiende o directamente se olvida ofrece la peor cara del manager- visceralidad, salidas de tono…- y actúa  contraproducentemente para la imagen de este.

Creo que para un manager es fundamental mantener la compostura cuando las cosas van mal o cuando aparece un problema en su gestión. En estas situaciones, el manager tiene que mantener la calma y no perder los nervios, sintetizando la información disponible (aunque no sea toda), identificando cómo solucionar el problema y quién debe ser el encargado de hacerlo. Sin perder los nervios ni dar palos de ciego, actitud que complicaría todavía más la situación original y crearía incertidumbre y desconcierto en sus colaboradores y en el entorno.

Para el manager llevar en la mochila a ambas, consistencia y compostura, le supone una enorme carga de la que con demasiada frecuencia trata de aliviarse- craso error-. Muchos son los ingredientes que necesita un manager para triunfar y entre ellos, sin ninguna duda, se encuentran las dos cualidades objeto de este post.

 

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